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Cuerpos inconfesados. Sobre la desnudez en tres películas de Jorge Polaco

Augusto Ricardo

Resumen


De acuerdo con Foucault, la confesión religiosa ha sido el procedimiento modelo para las criterios con que el hombre occidental ha ido en busca de la verdad. Sea en el ámbito social, legal o científico, la verdad se consigue mediante una extracción: sea la verdad que se confiesa en la Iglesia, sea la verdad que se consigue en la tortura, sea la verdad que se le arrebata al silencio de la naturaleza.

Podemos preguntarnos, entonces, ¿qué verdad confiesa un cuerpo desnudo? ¿Qué verdad oculta el cuerpo vestido y qué ocurre con ella cuando se le arrancan sus vestiduras?

Tres films del director argentino Jorge Polaco podrían servir de punto de partida para responder estos interrogantes. En Diapasón (1986), en Kindergarten (1989) y en La dama regresa (1996) asistimos a una representación muy particular no sólo de los cuerpos desnudos, sino de la manera en que se desnudan y son desnudados.

Los cuerpos de Polaco han sido relacionados con una estética de lo feo, de lo horrible, de lo marginal. Cuerpos viejos, fofos, decadentes. Pero la verdad de esos cuerpos no se encuentra en el juicio estético. No es la fealdad o la belleza de los cuerpos lo que queda revelado en su desnudez, sino su monstruosidad: cuando se quita la ropa nunca aparece lo que esperamos, el cuerpo natural y despojado de todo artificio,  sino lo corrompido, lo incontrolable, lo vacío. Existe algo inquietante en los cuerpos desnudos, un ligero temblor en palabras de Agamben, que consiste en que un cuerpo nunca termina de estar desnudo. El acontecimiento de la desnudez nunca ocurre, al menos completamente. Siempre hay un algo que permanece todavía oculto, todavía sin decirse, todavía mentiroso.

No es la fealdad lo que caracteriza la desnudez de Polaco, sino la falta de nobleza, la falta de gracia. Un cuerpo que se rebela como pura funcionalidad; un erotismo que exhibe la cifra de su corrupción; una naturaleza, en palabras de Adorno, que sólo se revela al alienarse y por eso sólo se revela alienada.

La desnudez de Polaco no es un velo que se quita, sino un Acontecimiento que viene a trastocar y perturbar aquello a lo que estamos acostumbrados. Y se ubica en el límite entre lo humano y lo monstruoso. Límite que no separa, sino que más bien funciona como un umbral, un degradé, donde lo monstruoso no es lo Otro, sino lo Mismo puesto de espaldas:

Todos los personajes de Polaco están encerrados y sometidos. Sus cuerpos están encerrados. Y el desnudarse nada tiene que ver con el placer: sólo desnudan su encierro.

“Soy un violador de la naturaleza, de Boncha. Todo lo que toco se vuelve monstruoso.” llega a decir Ignacio en Diapasón.

¿Qué queda cuando el cuerpo se desnuda? No lo que debería. No el cuerpo. Sino un signo inconfesado, despojado del artificio que lo hacía inteligible al ocultarlo.

Los cuerpos desnudos de Polaco aparecen sin nobleza, incontrolables, corruptos.

Palabras clave: Polaco; Desnudez; Cuerpo; Poder.


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